
Mira tú qué caray. Después de tantas horas de ardua (sí cómo no) dedicación a la escuela finalmente te encuentras fuera de ella. Y lo peor del caso es que apesar de que hasta hace dos semestres atrás gritabas que ya estabas harto, ahora resulta que te sientes extraño de ya no tener que ir, de ya no tener que regresar a esas tormentosas salas en donde te quedabas getón mirando directo al pintarrón con la baba mental escurriendo. Pero qué va... si nada resulta después como uno cree. Y ahora que medio comienzas a extrañar aquellas horas de letargo mental que te permitían estar en contacto contigo mismo y que te empiezas a querer no marchar, te acuerdas de que nada más no vas a salir en este semestre de la escuela porque te faltan créditos, y encontes de plano dejas de extrañar las clases y de nuevo sufres porque aun habrá que asistir a ellas.
A final de cuentas todo fue una falsa nostalgia, una nostalgia injustificada. JA JA. Una mala broma del sistema.
